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Al igual que Taylor Swift, cada mujer se enfrenta a un Justin Bieber

Por posadasimon

Nota del editor: Danielle Campoamor es editora en Romper y columnista para Bustle. Recibió un premio de la organización Planned Parenthood a la excelencia de los medios. Las opiniones expresadas aquí son propias de la autora.

(CNN) — Es fácil argumentar que, en 2019, las mujeres tienen más poder que nunca en la historia de Estados Unidos. Un récord de 117 mujeres obtuvo bancas en las elecciones intermedias de 2018. Una cifra récord de mujeres está compitiendo por la presidencia de Estados Unidos en 2020. La multimillonaria más joven en la historia es mujer (¡Hola, Kylie Jenner!). La cantidad de presidentas de directorio ejecutivo en las empresas de la lista Fortune 500 está en un máximo histórico. Pero incluso en un momento en que “algo está ocurriendo” con las mujeres, hay un recordatorio constante de que hasta las más poderosas entre nosotras tienen que luchar por lo que les corresponde, ya sea en materia de justicia reproductiva, por un lugar en la mesa de decisiones, o por una licencia creativa.

Enfrentamos un aparente sinfín de ejemplos de arremetidas en las que, en medio de la contienda, las mujeres son percibidas como groseras, coléricas, manipuladoras o mezquinas.

No podemos negar que, con demasiada frecuencia, detrás de estas mujeres poderosas hay hombres que se adueñan de su labor.

El fin de semana pasado, Taylor se enteró de que su catálogo de música de seis álbumes fue vendido a una empresa de propiedad de Scooter Braun que, según Swift, lleva años acosándola. “Scooter me ha arrebatado el trabajo de mi vida, que no me dieron la oportunidad de comprar”, escribió Swift en una publicación en Tumblr. “Básicamente, mi legado musical estará pronto en manos de alguien que quiso desmantelarlo.” Ella lo denominó como “el peor de los escenarios”. Swift también acusó a Braun de instar a artistas muy conocidos como Justin Bieber y Kanye West a dirigir su ira hacia ella, y señaló una foto de 2016, con el pie de página: “Taylor Swift, ¿qué pasa?”

La reacción a la elección de Swift de denunciar públicamente lo que ella entiende es una venta calculada del trabajo de su vida a un hombre con quien ella dice que ya no quiere estar asociada, fue inmediata y, para cualquiera que estuviera prestando algo de atención al trato que reciben las mujeres en Estados Unidos, predecible. Un escritor del “Guardian” describió la situación como Swift “reencendiendo viejas reyertas y dándonos algunas nuevas”. Bieber respondió con una disculpa no disculpa, diciendo “perdón” por la publicación de Instagram de 2016 pero luego preguntó qué esperaba ganar Swift al hacerlo público, y escribió en una nueva publicación de Instagram, “¿Qué tratabas de lograr con esa publicación de blog? Me parece que querías que te tuvieran lástima”. La esposa de Braun, Yael Cohen, también respondió, escribiendo, entre otras cosas, “interesante que el hombre que tanto te “repugna” crea en ti más de lo que tú crees en ti misma”, insinuando sin lugar a dudas que si no fuera por él, Swift no sería quien es ni estaría donde está.

En un país cuyos críticos notoriamente desdeñan la música dirigida a las jovencitas, como la de Swift, parece ser dolorosamente difícil para muchos resistir la urgencia de etiquetar lo que le está ocurriendo a Swift como un drama frívolo. Pero esta es una mujer poderosa que está perdiendo los derechos de lo que ella creó a manos de un hombre que, según afirma ella, intentó controlarla y lastimarla; un resultado que ya hemos visto en el pasado.

En 2018, la estrella del pop Kesha perdió su apelación para separarse de Dr. Luke, un productor musical que Kesha decía abusaba emocionalmente de ella y la había agredido sexualmente. Dr. Luke y sus abogados afirmaron en un juicio que las acusaciones de Kesha eran falsas y difamatorias. Si bien hay diferencias obvias entre las situaciones de Swift y de Kesha, el modo en que Kesha describe sus sentimientos resuenan aquí: “uno puede divorciarse de un esposo abusivo. Se puede disolver una sociedad si la relación se torna irreconciliable”, decía la contrademanda de Kesha después de haber perdido su apelación. “La misma oportunidad, de liberarse de la esclavitud física, emocional y financiera de una relación destructiva, debería estar disponible para una artista”.

Ninguno de estos resultados, o cómo estas dos mujeres poderosas en la industria de la música dicen que fueron tratadas, existen en una burbuja. Si la vida imita el arte y viceversa, entonces son indicios de esas luchas que las mujeres todavía enfrentan en el país, una extensión de las madrigueras en que las mujeres han estado atrapadas por décadas y las trincheras que nos dividen. Y seguimos cavando hoy.

No cabe duda de que dos mujeres -Kamala Harris y Elizabeth Warren-quienes, según CNN, están subiendo en las encuestas, ganaron “cada una” sus noches en los debates presidenciales demócratas. Pero ahora Harris es objeto de la versión 2019 de la teoría conspirativa sobre el nacimiento, impulsada por Donald Trump. Y el crítico político Stuart Rothenberg preguntó a sus 37.300 seguidores en Twitter si Harris estaba siendo “demasiado agresiva” durante los debates. Algunos han acusado a Warren de básicamente adoptar las ideas de Bernie Sanders.

No cabe duda de que una mujer es la multimillonaria más joven del planeta, pero en 2017 las mujeres recibían una paga de 80,5 centavos por cada dólar que ganaban los hombres, y las mujeres negras y de color, y las madres, aun menos. No cabe duda de que hemos tenido el movimiento #MeToo y hombres como Harvey Weinstein debieron rendir cuentas, pero Louis C.K. recientemente recibió una ovación de pie en un festival de comedia de Brooklyn, y E. Jean Carroll acusó de violación al actual presidente de Estados Unidos (la 16ª acusación de violación, agresión y/o acoso sexual contra él) solo para ver que su historia ha tenido poquísima cobertura. El presidente negó sus acusaciones, diciendo que ella “no es su tipo”.

Como mujeres, tenemos la culpa. Somos demasiado agresivas. Solo queremos atención. No nos amamos lo suficiente. Somos manipuladoras. No somos su tipo. Somos demasiado. Somos dramáticas. Somos peleadoras.

Y, como Taylor Swift, tantas de nosotras estamos viendo que aquello por lo que tanto trabajamos, cae en manos de hombres que buscan controlarnos, ya sea por medio de nuestros legados, nuestras reputaciones, nuestros cuerpos o nuestros éxitos.

(Traducción de William Montes)

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