Venezuela resistió el intento de remontada tardía de EE.UU. para ganar un emocionante Clásico Mundial de Béisbol

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Por Kyle Feldscher, CNN

Venezuela contuvo a la ofensiva estelar del equipo de Estados Unidos para ganar el primer Clásico Mundial de Béisbol en la historia de la nación este martes, cerrando así una emocionante edición de esta vitrina internacional del béisbol con una final a la altura.

La victoria venezolana representa un momento de catarsis para una nación que ha sido azotada por la agitación política, la incertidumbre económica, el aislamiento en el escenario mundial y una creciente emigración hacia otros países del hemisferio occidental. Esto se hizo evidente para todos los presentes en Miami, donde la multitud, mayoritariamente venezolana, generó un estruendo ensordecedor durante todo el partido, incluso cuando parecía que los grandes bates de la alineación estadounidense comenzaban a despertar.

Los venezolanos abrieron el marcador con un elevado de sacrificio de Maikel García en la tercera entrada, seguido por un jonrón de Wilyer Abreu en la quinta, lo que otorgó a su equipo una ventaja de 2-0. Dicha ventaja se mantuvo intacta hasta la parte baja de la octava entrada, momento en que Bryce Harper conectó un potente jonrón de dos carreras hacia lo profundo del jardín derecho-central para empatar el encuentro.

Pero Venezuela no tardó en recuperar la iniciativa. La novena entrada comenzó con el lanzador estadounidense Garrett Whitlock otorgando base por bolas al primer bateador, Luis Arráez, lo que brindó una oportunidad a los venezolanos. Javier Sanoja robó la segunda base —llegando por los pelos antes del tiro del receptor estadounidense Will Smith—, dejando a Venezuela con un corredor en posición anotadora y sin outs en la entrada.

La estrella de los Seattle Mariners, Eugenio Suárez, hizo pagar a los estadounidenses al conectar un doblete hacia el jardín izquierdo-central, impulsando la carrera de Sanoja y dándole a Venezuela una ventaja de 3-2.

El cerrador venezolano Daniel Palencia entró al relevo en la parte baja de la novena entrada para asegurar el título. Comenzó la entrada ponchando a Kyle Schwarber —compañero de equipo de Harper en los Phillies— y, acto seguido, la estrella de los Baltimore Orioles, Gunnar Henderson, elevó un batazo para el segundo out. Con el equipo de EE.UU. contra las cuerdas, recayó en Roman Anthony —de los Boston Red Sox— la responsabilidad de mantener vivo el partido.

Palencia logró poncharlo para sellar el título.

“¿Qué puedo decir sobre esto? Es increíble”, declaró Suárez a la transmisión de FOX tras el partido. “Dios es bueno; toda la gloria es para el Señor”.

El tono del encuentro quedó marcado para Venezuela —que jugaba apenas un día después de su victoria en la semifinal del lunes sobre Italia, mientras que EE.UU. había gozado de un día extra de descanso— gracias a su lanzador abridor, Eduardo Rodríguez. El serpentinero de los Arizona Diamondbacks lanzó durante 4.1 entradas, ponchando a cuatro bateadores y permitiendo un solo imparable.

“Esto es para nuestro país, para cada uno de sus habitantes… Ahora tenemos que disfrutarlo”, comentó Rodríguez a Fox después del juego.

A partir de ese momento, se produjo un desfile de brazos del bullpen venezolano que mantuvieron silenciados a los bates estadounidenses. Cinco relevistas venezolanos —Eduard Bazardo, José Buttó, Ángel Zerpa, Andrés Machado y Palencia— limitaron a los estadounidenses a un solo hit y permitieron que solo otro corredor llegara a base, mientras una sucesión de estrellas desfilaba hacia el plato para luego regresar, cabizbajos, a los escalones de su dugout.

Se trata de una victoria cargada de emotividad para Venezuela, que llega en medio de un periodo de intensa agitación en su país. Tras meses de enfrentamientos públicos, el presidente Donald Trump ordenó a las fuerzas militares de EE.UU. llevar a cabo una incursión en la capital venezolana, Caracas, logrando capturar al presidente del país, Nicolás Maduro.

Maduro fue trasladado desde Venezuela a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y permanece detenido en prisión.

Su derrocamiento ha desencadenado un periodo de incertidumbre política en Venezuela, dado que la presidenta interina, Delcy Rodríguez, ha asumido el control de la dirección del país; no obstante, el Gobierno estadounidense continúa intentando ejercer una fuerte influencia en la administración de Venezuela, bajo las directrices de Trump.

Para muchos venezolanos residentes en Estados Unidos, la incursión y el derrocamiento de Maduro representaron un período de esperanza, y el Clásico Mundial de Béisbol se convirtió en una oportunidad para celebrar su identidad nacional tras meses de tumulto. La emoción resultó palpable en Miami este martes, cuando los jugadores estadounidenses fueron abucheados durante la presentación de las alineaciones al inicio del partido, evidenciando que EE.UU. jugaría, “de ??facto”, un partido en condición de visitante, a pesar de encontrarse en su propio territorio.

“Nadie creía en Venezuela, pero hoy ganamos el campeonato. Esto es para todo el país venezolano”, afirmó Suárez.

A medida que los lanzadores venezolanos continuaban neutralizando a los grandes bateadores del equipo de EE.UU., el clamor de la multitud se hacía cada vez más intenso. Ni siquiera el jonrón de Harper logró silenciarlos por mucho tiempo, y el doble de Suárez elevó el ruido de la multitud a niveles de decibelios inauditos para el béisbol de marzo.

El equipo de EE.UU. se marchará decepcionado por haber caído una vez más en la etapa final, tras haber perdido también el juego decisivo en 2023. El equipo fue conformado con el propósito expreso de recuperar el título que Estados Unidos había ganado en 2017.

Sin embargo, una derrota sufrida hace una semana ante el equipo de Italia sumió al conjunto en la incertidumbre, ya que la posibilidad de quedar eliminado antes de las fases eliminatorias se volvió, de repente, muy real. Los italianos se encargaron de resolver esa situación al vencer a México, lo que permitió avanzar a Estados Unidos; no obstante, las dudas sobre la gestión del equipo por parte del mánager Mark DeRosa —así como sobre su conocimiento de las reglas de clasificación— derivaron en una crítica abierta hacia el conjunto.

La seriedad que emanaba del equipo estadounidense también contrastaba con la alegría y la exuberancia que exhibían muchas de las otras naciones.

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